Llego a una tienda de abarrotes de mi barrio y ya están ahí dos mujeres; una de ellas pide cinco salchichas de pavo, la otra señora le dice que, si no sabe que en realidad no son de pavo, pues había mirado un video de internet en donde se decía que esas salchichas de pavo casi no tenían nada, sino que estaban elaboradas con carne de pollo y soya.
La que había pedido las salchichas, le responde a la otra mujer que eso a ella no le importaba en lo absoluto, porque le sabían muy sabrosas y le gustaban mucho tanto crudas como cocinadas en cualquier platillo que preparaba.
La primera señora insiste en que también había visto otro video en donde echan a las reses, caballos y burros a un molino con todo y todo, con cuernos, pezuñas y todo y sin rasurar, que así molían a esos animales y después convertían su carne en embutidos de todo tipo. Entonces, la señora que gustaba de las salchichas le dice a la otra señora que ya había mirado esos videos y otros más asquerosos, pero que aplicaba aquello de que, ojos que no ven, corazón que no siente, porque desde niña había comido salchichas, chorizo, longaniza, jamón, queso de puerco, mortadela, salchichón y todo tipo de embutidos y ya casi cumplía 60 años de edad y no le había pasado nada.
La mujer que cuestionaba la elaboración de las salchichas nada más movió la cabeza diciendo: - ay no, pues yo desde que vi esos videos ya jamás he vuelto a comprar todo eso. La mujer gustosa de las salchichas le pregunta que, si antes de ver esos videos si comía embutidos, la quejosa respondió que sí, pero que ya no.
Ya se ha documentado cotidianamente que la influencia de las redes sociales sí ha llegado a afectar a mucha gente, no nada más en la elaboración de la comida industrializada, sino también en la fabricación de medicamentos artificiales con base en la petroquímica, así como de la ropa sintética que ha desplazado enormemente a la de algodón y otras fibras naturales; calzado y un largo etcétera de otros productos que se elaboran de forma aún desconocida para el común de la gente. Y, la influencia coincide en que algunos de estos productos se dejan de adquirir o que siguen su producción y venta como si nada, como en el caso de los embutidos.
Durante muchos años se llegó a transportar ganado en pie por medio del ferrocarril, se transportaban en unas unidades denominadas como jaulas, construidas con rejas de madera; esta práctica quedó en desuso allá como a principios de los años 80 del siglo pasado.
A finales de los años 70 o principios de los 80, un servidor trabajaba como garrotero de patio en el patio de maniobras en Guadalajara, Jalisco. Cierto día al entrar al turno de 15:00 a 22:00 horas, el jefe general de patio le dice a nuestro mayordomo que, como primer movimiento fuéramos a una vía denominada como pública en donde se cargaba y descargaba mercancía, en donde había dos jaulas para que se las agregáramos por la parte posterior a un tren al norte que estaba por salir.
Al llegar con la locomotora a dicha vía, ahí estaban las dos jaulas, una ya vacía, pero con una res inflada tirada en el piso y, de la otra jaula aún la estaban descargando, aunque ya faltaban pocas reses por bajar; en esta jaula se miraban dos reses como pisoteadas y posiblemente ya sin vida. El encargado de la descarga nos dijo que en cinco minutos quedarían vacías. Entonces el mayordomo le preguntó al encargado que si iba a dejar esas reses muertas ahí; el encargado dijo que al último se bajarían.
El mayordomo le pregunta al encargado de la descarga de las reses que a esas ya muertas que les hacían, el encargado respondió que la empacadora no perdía nada, que así iban al molino; el mayordomo señaló a la que estaba inflada diciéndole al encargado que aquella ya se estaba echando a perder; no importa, dijo el encargado, para eso hay químicos que componen todo, así va al molino. La empacadora no pierde, volvió a decir, sin empacho alguno.
Esos químicos que hoy en día son más sofisticados y avanzados son los que disfrazan alguna posible descomposición de la carne que se utiliza en los embutidos, al darles la consistencia necesaria, así como aroma color y sabor, así como otros posibles ingredientes que hacen pasar la prueba de sanidad sin ningún problema o, aunque haya algún tipo de problema, es muy conocido y sabido cómo se salvan esos problemas de sanidad.
Sin embargo, es que, lo bueno o peor de todo esto, es que aquello de que, ojos que no ven, corazón que no siente, sigue vigente para muchas personas.
Sea pues. Vale.