Luie Alberto Bravo Mora.-
Hace apenas unos días pude compartir el pan y la sal con uno de los políticos más populares en Tepic, en un desayuno realizado con la UCAN lleno de camaradería y buenos momentos, me di a la tarea de sacar mis propias conclusiones de lo que podemos llamar el efecto pecas
La política local vive un momento peculiar: la ciudadanía, cansada de promesas incumplidas y liderazgos efímeros, ha encontrado en Luis Enrique Miramontes, el Pecas, una figura que despierta confianza. Su paso por el Congreso ha mostrado una forma distinta de ejercer el poder, cercana y resolutiva. Pero la pregunta que se abre ahora es: ¿qué significaría trasladar ese capital político al gobierno de Tepic?
Un primer escenario es el de la continuidad de la confianza. Si Miramontes logra mantener la congruencia que lo ha caracterizado, podría encabezar una administración que recupere la credibilidad en las instituciones municipales. La defensa de derechos básicos, como el acceso al agua, y su capacidad para atender directamente a los ciudadanos, podrían convertirse en políticas públicas de mayor alcance, consolidando un modelo de gobierno sensible y eficiente.
El segundo escenario es el de la gestión de los intereses. Gobernar una ciudad implica negociar con actores económicos, políticos y sociales que no siempre comparten la visión ciudadana. Aquí radica el mayor desafío: sostener la independencia y evitar que el efecto Pecas se diluya en compromisos que contradigan su trayectoria. La ciudadanía que hoy lo respalda será también la que exija resultados concretos y transparencia en cada decisión.
Un tercer escenario es el de la transformación estructural. Si Miramontes logra trasladar su estilo legislativo a la administración municipal, Tepic podría experimentar un cambio en la forma de hacer política: menos propaganda, más resultados; menos discursos, más acciones. Esto abriría la posibilidad de que el efecto Pecas no sea solo un fenómeno coyuntural, sino el inicio de una nueva etapa en la vida pública de la capital nayarita.
El futuro de Tepic, en buena medida, dependerá de cómo se resuelva esta transición. El efecto Pecas ha demostrado que la confianza en un político aún es posible, pero gobernar es un terreno distinto, más complejo y lleno de riesgos. Si logra sostener su congruencia, Miramontes podría convertirse en referente de una política renovada. Si no, será una historia más de esperanza frustrada.
Lo cierto es que hoy Tepic tiene frente a sí una oportunidad: la de comprobar si un liderazgo ciudadano puede transformar la administración pública. El reto está planteado, y el desenlace dependerá de la capacidad de el Pecas para convertir confianza en resultados.