Opinión

INDICADOR POLITICO: POR JUGAR A TOMA TODO, REFORMA PODRÍA LLEVAR A TODOS PIERDEN

Carlos Ramírez

Martes 3 de Marzo de 2026

La exigencia del Palacio de Invierno de Palenque de aprobar una reforma electoral parcial y sin cambiarle una coma podría convertirse en una derrota política que reduciría márgenes de movilidad de Morena en su meta de mayoría calificada de dos terceras partes de la Cámara de Diputados y desde luego que impactaría en reducción de espacio para las presidenciales del 2030.

La decisión heredada rompió con dos criterios vigentes del viejo pero vigente sistema político priista: molestia que no te moleste, no la molestes y no hagas ningún cambio en la incertidumbre, y la tardanza de Palacio Nacional para enviar a la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma electoral solo reveló que el Gobierno perdió las expectativas de beneficios y se convirtió en un listado de mermas.

Lo paradójico del asunto radica en el hecho de que la legitimidad y la legalidad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo es mayor a la que tuvo el presidente López Obrador en su sexenio, pero el costo de credibilidad democrática podría manchar algo que el instructivo lopezobradorista no parece tener registrado: el legado histórico propio de la primera presidenta de México y no como imposición lopezobradorista.

En ese sentido, los problemas de la iniciativa de reforma electoral no tienen que ver con las exigencias del Partido Verde y del Partido del Trabajo que tampoco son diferentes a las que establecieron antes con el PRI y con el PRD y que continuaron con Morena, sino con la decisión de Palenque de imponer un modelo electoral que pudiera ser válido con negociaciones hacia la oposición, pero que no quiere modificar ni una sola coma en tanto que busca reproducir en el poder legislativo y las gubernaturas el esquema populista que se impuso con todo éxito aunque sin credibilidad en el Poder Judicial.

Lo que se puede percibir al interior de la coalición dominante no es un resurgimiento de la oposición antipopulista, sino, primero, la desarticulación del grupo lopezobradorista que estaría pasando la cuenta de compromisos no cumplidos en el proceso de designación de la candidatura presidencial de 2024 y desde luego la inevitable lucha interna tribal al interior de Morena y sus aliados para la definición de la candidatura presidencial del 2030 pasando previamente por el proceso intermedio de 2027.

Estos sobresaltos no deben ser interpretados como una ruptura en las alianzas alrededor de López Obrador, sino que revelarían la irrupción inevitable de las reglas del juego político priista presidencialista y transexenal que han seguido vigentes durante el corto periodo cardenista y se han convertido en mecanismos estructurales en el largo período de dominio lopezobradorista.

Aunque se niegue de manera vehemente, detrás del modelo presidencial de López Obrador persiste y su victoria tiene que pasar por el reconocimiento de estas características el esquema de reglas del juego del poder presidencial que se inauguraron desde 1876 con el método del presidente Porfirio Díaz, que se revalidaron en 1924-1928 con el presidente Álvaro Obregón, que vistieron la casaca del minimato del maximato de Plutarco Elías Calles apenas ocho años y que el modelo priista de Ávila Camacho a Enrique Peña Nieto utilizó como esquema de funcionamiento político, sin olvidar que el presidente mexiquense dedicó su tesis de licenciatura justamente al modelo Obregón de ejercicio del poder presidencialista.

Morena tenía todo el escenario político de la estructura electoral de Salinas-Zedillo-José Woldenberg-Peña Nieto-PAN-Lorenzo Córdova Vianello para encarar sin problemas de mayoría calificada las elecciones legislativas de 2027, pero la insistencia en modo de necedad del presidente emérito López Obrador de imponer una nueva reforma electoral desajustó los espacios sociales y políticos de las votaciones federales próximas y le regaló con todo y moño a la oposición neoconservadora disfrazada de socialdemocracia aguada un tema de discusión que estaría debilitando la continuidad del modelo lopezobradorista por dos sexenios más.

El problema se complicó por la decisión política que hay que reconocer de la presidenta Sheinbaum Pardo para no reproducir el modelo autoritario verticalista del viejo presidencialismo priista, sino de ofrecer una imagen de precario ejercicio democrático de una mayoría contundente. El tema entró en una montaña rusa por la determinación del Palacio de Invierno de Palenque de deshacerse de sus aliados del Verde y Del Trabajo para tratar de conseguir una mayoría calificada de 67% de legisladores atropellando el mandato constitucional de que ningún partido por sí mismo puede tener más del 60% de las curules.

Y ahí nos encontremos: atorados por construir una mayoría excluyente que quiere el regreso al obregonismo y una minoría oxigenada por el autoritarismo expresidencial.

POLÍTICA PARA DUMMIES: La política deja de ser política cuando se olvida de la política.

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