Opinión

CON PRECAUCIÓN: Un festejo ambivalente de 15 años

Por Sergio Mejía Cano

Jueves 8 de Octubre de 2026

El 02 de octubre (no se olvida) de 2011, Morena se fundó como un movimiento político y social denominado como Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), constituyéndose ya formalmente como asociación civil el 20 de noviembre de 2012; y, el 09 de julio de 2014, el Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó su registro oficial como partido político nacional.

Es evidente el crecimiento a nivel popular de Morena, sobre todo en el incremento del número de militantes y simpatizantes; militancia que ha aglutinado militantes de otras asociaciones políticas y, obviamente de sus cofundadores que jamás habían pertenecido a otros paritos políticos quienes, por cierto, se podrían considerar las verdaderas bases de este movimiento político, pero que, tal y como se ha visto y comprobado, la mayoría de quienes coadyuvaron a la consolidación de este movimiento político y social han sido desplazados por advenedizos de otros partidos para los cargos de elección popular.

Esto de que una inmensa mayoría de políticos de ambos sexos abandonaran a sus partidos nodrizas para afiliarse a Morena era de esperarse, tal vez al mirar que el crecimiento a nivel popular de esta nueva asociación no era en vano y, menos, al ver y comprobar la fuerza política y la gran aceptación que estaba adquiriendo y reforzando su principal fundador, Andrés Manuel López Obrador.

Desde luego que, tal y como se ha dicho que para todo hay gente, es probable que algunos de los políticos que, al ver que sus partidos nodrizas comenzaban a hacer agua y hundiéndose irremediablemente mejor optaron por la opción que comenzaba a despuntar no nada más en el centro del país, sino en la mayor parte de nuestro país.

Se entiende que algunos de los antiguos políticos y los de nuevo cuño que estaban afiliados a otras organizaciones políticas se aliaron a Morena por convicción, por honestidad, lealtad y empatía con los movimientos sociales que ya empezaba a promulgar Morena; sin embargo, queda y ha quedado claro que también una gran mayoría de quienes se allegaron a Morena, lo hicieron únicamente para no caer el ostracismo político y, lo que sería peor: llegar a vivir en el error, es decir, vivir fuera del presupuesto; como aquellas personas que tienen muy arraigado el pensamiento aquel y tan coloquial frase de: no pido que me den, sino que me pongan en donde hay.

Y este pensamiento tan vigente en varios de los políticos llegados a Morena es lo que ha perjudicado en parte el buen funcionamiento de los postulados de este movimiento, posiblemente en la creencia de que, como anteriormente se hacía del 30 de noviembre de 2018 hacia atrás, solo era jarabe de pico y los cambios se hacían para que todo quedara igual; y, que la máxima consigna acuñada por el fundador principal de Morena de no mentir, no robar y no traicionar, eran palabras huecas y de dientes para afuera nomás para hacer la mosca chillar o para cubrir mediáticamente aquella fórmula que se dice, se utilizó en la América hispánica durante los siglos XVI al XVIII: obedézcase pero no se cumpla; frase que, se dice, que la utilizaba también constantemente, Porfirio Díaz Mori.

La mayoría de los historiadores y académicos que han adentrado en la era prehispánica de lo que hoy en México, coinciden que no se han encontrado evidencias palpables de que haya habido algún tipo de corrupción entre las sociedades de la antigua Mesoamérica, sino que la corrupción de comenzó a dar después de la invasión de los iberos; costumbre que se fue arraigando irremediablemente en las nuevas generaciones de los nativos de esta parte del continente hoy conocido como América.

Así que, después de más de 300 años de dominación europea y criolla después o al mismo tiempo, la corrupción, los robos y las traiciones se fueron tomando como algo normal debido a que se había convertido en una costumbre prácticamente cotidiana en donde la mayoría de los habitantes se hacía partícipe en este tipo de comportamiento; aunque claro, tal y como sucede hoy en día en nuestro país: con sus claras excepciones.

Así que, erradicar la corrupción, la costumbre de mentir, no robar y no traiciones, en tan solo ocho años es más que difícil. Sin embargo, poco a poco se ha ido avanzando en estas cuestiones, aunque haya mentes que no lo logran entender y que consideran esto como un ataque a sus libertades tanto individuales como de grupo o, en este caso, de asociaciones políticas al tener también muy arraigado aquello de que: un político pobre es un pobre político.

Sea pues. Vale.