En la entrega anterior nos referíamos, entre otras cosas, en que el avance de los trenes de pasajeros tal vez no les caiga bien a permisionarios y concesionarios del transporte carretero y urbano, por aquello de la posibilidad de que baje en número de usuarios al preferir la mayoría de ellos transportarse por tren, sobre todo, en lo que se refiere al ahora denominado como Tren Felipe Ángeles, cuyo servicio será en lo particular interurbano.
Sin embargo, lo que a la mejor tampoco les cae bien a varias o la mayoría de las rutas del autotransporte federal es el avance ferroviario en cuestión de pasaje que se proyecta para que vuelvan a circular los trenes de pasajeros por la mayor parte de nuestro país cubriendo, sobre todo, las rutas del centro del país hacia las fronteras norte corriendo tanto en la costa oriental como en la occidental: Nuevo Laredo, Tamaulipas y Nogales, Sonora, respectivamente. Aunque existe la posibilidad de que, concesionarios y permisionarios del autotransporte federal la rehabilitación del tren Interoceánico que corre de Coatzacoalcos, Veracruz, a Salina Cruz, Oaxaca, y viceversa; una ruta tan necesaria que une el Golfo de México con el océano Pacifico. Pero también tal vez les está molestando que también se han estado rehabilitando y construyendo vías férreas en el sureste mexicano con la posibilidad de llegar a la frontera con Guatemala; pero, además, con conexiones con el aún incipiente Tren Maya.
El servicio de los trenes de pasajeros se interrumpió en nuestro país a partir del mes de febrero de 1998, por lo menos en lo que implica a la otrora orgullosa ruta de la costa occidental, lo que fue el Ferrocarril del Pacífico que corría de Nogales, Sonora, a Guadalajara, Jalisco, con su respectiva conexión en la perla tapatía con los trenes que iban a la hoy Ciudad de México y más allá, así como a Manzanillo, Colima.
Así que buena parte de las nuevas generaciones no saben lo que es viajar por tren, salvo quienes se han subido a las rutas turísticas como el denominado CH-P. que corre de Los Mochis, Sinaloa, al estado de Chihuahua; igual, quienes han paseado en los denominados trenes tequileros, un servicio turístico que sale los fines de semana de Guadalajara a Amatitán y Tequila, Jalisco. Sin embargo, hay gente mayor que hasta ese año de 1998 tampoco llegaron a viajar por tren debido a equis motivos y razones o porque por los lugares de su residencia no pasaba o pasa alguna vía férrea.
Pero las personas que algún día llegaron a viajar en tren, ya fuera en tramos cortos o largos, saben y están conscientes de lo cómodo que era y es viajar por tren, por lo que existe la posibilidad de que les hayan platicado a sus descendientes cómo era efectuar esos viajes en trenes de pasajeros; sobre todo, en viajes largos como el de Guadalajara a Nogales y Mexicali.
Tan cómodo que era y es viajar en tren que la gran mayoría de las personas que acostumbraban viajar en este medio de transporte jamás se desanimaron a pesar de que se dejó caer este servicio a propósito con el fin de desanimar a la gente para que siguiera viajando por tren y, se llegó a decir, que también se le quería dar auge al autotransporte foráneo que había comenzado a renovar sus unidades y, obviamente, ampliar sus rutas con el pretexto de que ya casi todo el país estaba comunicado por carreteras y autopistas.
A finales de la década de los años 80 del siglo pasado se les dejó de dar mantenimiento a las unidades de Servicios Coches Dormitorio (antes servicio Pullman), a tal grado que, hasta los mismos inspectores de carros decían bajita la mano que, si se les llegar a tomar una radiografía a los coches dormitorio se comprobaría claramente que ya no eran óptimos para dar servicio por tener su chasis fracturado; pero también el sistema de refrigeración de estos coches se dejó caer, por lo que era ya prácticamente un sufrimiento estar en su interior y más en zonas del norte de Nayarit hacia el norte cuyo clima es muy cálido.
Al quitarse los coches dormitorio y comedor, los trenes de pasajeros fueron reducidos en el número de las unidades que lo componían a tal grado que, si alguna vez los trenes arrastraban hasta 16 o más coches, después el número de coches no pasaba de cinco e incluso hasta tres coches de primera y segunda clase; sin embargo, lo peor es que se les destruyó el sistema de tuberías de agua y drenaje, así como instalaciones de luz; pero aun así, la gente prefería seguir viajando en tren, así fuera sin luz ni agua; y demoras.
Sea pues. Vale.