Opinión

CON PRECAUCIÓN: MUCHOS MUERTOS SE VAN OLVIDANDO POCO A POCO

Sergio Mejía Cano

Martes 24 de Marzo de 2026

Se dice que no es ético escribir sobre asuntos personales en un artículo periodístico de opinión. Sin embargo, en ocasiones es necesario para tratar de dar un enfoque y contexto preliminar a lo que se trata de explicar.

Desde hace muchos años no me gusta asistir a los sepelios, salvo raras excepciones muy personales, siempre y cuando en vez de entierro sea incineración.

A mediados de la década de los años 90 se mató un compañero ferroviario en un accidente. Al acudir al cementerio, cuando ya estaban bajando el féretro en la tumba, otro compañero se abrazaba al ataúd llorando y gritándole al muerto que no lo dejara, que no lo abandonara, que él se quería ir junto con él a la tumba. En eso, un señor ya mayor que estaba cerca de un servidor dijo: eso es puro cuento, puro teatro, porque nada que se avienta a la tumba y, dirigiéndose al grupo de personas que estábamos cerca de este adulto mayor, añadió: van a ver cómo ya mañana ni se va a acordar de su gran amistad con el ahora muerto y es más, el tato ya ni se acordará de su amigo y jamás visitará su tumba; así sucede por lo regular.

Obvio que era la apreciación de este adulto mayor; sin embargo, me hizo recordar que, cuando niño, adolescente y ya como adulto que había acudido a algunos entierros, por lo regular pasaba algo similar con los deudos que se abrazaban a la caja mortuoria o decían que se iban a aventar también a la tumba, es decir, algo muy similar a como si estas actitudes fueran tradicionales, espontáneas debido al dolor por la pérdida de un ser querido, pero también para llamar la atención o demostrar cuánto querían a la persona que estaban sepultando, aunque jamás hayan demostrado ese cariño cuando quien había fallecido tenía vida. Porque también se ha dicho que, quien llora más en un velorio o en un entierro haciendo más argüende, es quien tiene más cargo de conciencia al no haber entendido aquello de: en vida hermano, en vida, pues muerto ya para qué.

Queda claro que, para una gran mayoría de los dolientes al perder a un ser querido siguen recordándolo por siempre acudiendo a su sepultura o ahora en su nicho si es que hubo incineración; pero para otras personas que fueron amistades poco a poco se va diluyendo esa amistad, por más profunda que haya sido, por lo que, posiblemente en forma inconsciente aplican aquello de: el muerto al pozo y el vivo al gozo, porque la vida tiene que continuar.

Todo esto viene a colación porque conforme pasan los años el recuerdo del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la Presidencia de la República, un 23 de marzo de 1994, poco a poco se ha ido borrando en el colectivo ciudadano, ya que la conmemoración de este hecho histórico en la historia reciente de nuestro país se ha opacado en muchos de los ámbitos en los que anteriormente se llevaban a cabo estas conmemoraciones, si acaso en las sedes priistas a nivel nacional, pero ya no con el mismo auge y promoción de antes, tal vez a que los contemporáneos del asesinado también ya han abandonado este mundo y porque a las nuevas generaciones como que ya no les llama mucho la atención este lamentable hecho.

El pasado 23 de marzo de 2026 se cumplieron 32 años de aquel infame asesinato de Colosio Murrieta; sin embargo, al revisar las páginas de los medios informativos, así como en sus portales de internet son pocas las alusiones a este hecho ocurrido en la colonia Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California. Aunque sí en algunas redes sociales se ha dado cuenta de este asunto, pero sin ahondar lo suficiente de lo sucedido aquel aciago día para muchos mexicanos de ambos sexos, pero más para los familiares del candidato sacrificado y tal vez ejecutado.

Y a propósito de las redes sociales, circuló un video en donde se le pregunta al hijo del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Riojas, respecto al aniversario luctuoso de su señor padre, a lo que el ahora senador por el partido Movimiento Ciudadano pide que ya no se especule sobre el asesinato de su papá, que no hay nada nuevo en lo que se diga al respecto, pues incluso cuando se volvió a tomar el tema del segundo tirador fue algo que ya se sabía y que en sí hasta ahora no ha habido justicia, por lo que pide también que ya se libere al supuesto asesino de su padre y hasta pide que la presidenta de nuestro país indulte a Mario Aburto; y que ya no haya más lucro político.

En la mañanera se le preguntó a la presidenta sobre este indulto, a lo que respondió que ella no es quién para indultar.

Sea pues. Vale.