Sergio Mejía Cano
El pasado lunes 16 del presente mes de marzo, al andar entre los puestos de venta que aún permanecen en las inmediaciones del mercado, Juan Escutia, un locatario me dice que le pregunte a uno de sus colaboradores si sabe por qué no hubo clases ese día; le pregunto al muchacho al parecer treintañero y me responde que no sabe. Al insistirle un poco más con la misma pregunta, mira un momento el techo del puesto y me dice que al parecer por algo del petróleo o por la primavera.
En eso llegan dos sobrinos del locatario, uno estudiante de preparatoria y el menor en segundo de secundaria. El locatario con la vista me hace la seña de que les pregunte a sus sobrinos sobre el mismo tema; así que les formulo la pregunta de si saben por qué no hubo clases, se me quedan viendo fijamente encogiéndose de hombros, riéndose y mirándose uno a otro tal vez con la esperanza de que el otro respondiera.
Le pregunto al preparatoriano si recuerda lo que se festeja en este mes de marzo, responde que la llegada de la primavera y, su hermano menor de secundaria grita muy entusiasta: ah, sí, ya me acordé; pero se borra la sonrisa de ambos chicos cuando les pregunto que qué más se celebra. Un cliente ya con el pelo cano se entromete diciéndole a los jovencitos que el 18 de marzo se festejaba la expropiación del petróleo; así que, por metiche, le pregunto a este señor que aparte de la expropiación qué más se celebra en este mes, a lo que me responde que no le fuera a salir conque mi fecha de cumpleaños; no, claro que no maestro, le digo, sino el natalicio de don Benito Pablo Juárez García, por lo que nomás peló los ojos preguntando: ¿Benito Pablo? No, en los libros nada más dice, Benito Juárez. Los sobrinos del locatario lo apoyaron afirmando que así decía en los libros y no Pablo ni García.
Una de las ventajas que he notado que da el llegar a la tercera edad, es que se facilita más hacer preguntas a personas que atienden un mostrador o al público en general en tiendas o cualquier tipo de negocios. Así que debido a esta ventaja y de que lo tilden a uno como a un viejito loco más, a varias de estas personas que atienden al público les hice la misma pregunta de si sabían por qué no había habido clases, la mayoría no supo por qué; aunque algunas otras repitieron lo de la primavera y dos o tres sí recordaron el natalicio del Benemérito de las Américas; pero nadie aludió a la expropiación petrolera que, si bien no se considera como un día festivo como el natalicio de don Benito Juárez, el de la Revolución Mexicana o cualquiera otro que son de descanso obligatorio, lo de la expropiación del petróleo sí significó y significa mucho para nuestra Nación.
Y a propósito de la Revolución Mexicana, a comienzos de la década de los años 90, específicamente en 1992, por razones laborales tenía que estar en el bello puerto de Mazatlán, Sinaloa, ya que ese puerto era la residencia para el personal trenista y locomotorista en calidad de extras, es decir, sin corridas asignadas, para ahí esperar llamado para salir al camino o ir a cubrir alguna vacante en otros Distritos de la División Sinaloa.
Pues resulta que el 20 de noviembre de 1992 fui a desayunar al mercado municipal Pino Suárez, en pleno centro de la ciudad. Por la calle Aquiles Serdán, que es por donde está la entrada principal de dicho mercado, ya había comenzado el tradicional desfile por el inicio de la Revolución Mexicana. Al acercarme a la valla en donde ya se aglutinaba bastante gente me llamó la atención mirar a unos reporteros con cámaras y grabadoras preguntándoles a los padres de familia si sabían a qué se debía el desfile, a lo que una gran mayoría de los padres de familia respondían que porque era el día del deporte, ya que en la escuela de sus hijos les habían dicho que los vistieran de deportistas para que desfilaran; salvo una que otra persona me tocó oír que respondían adecuadamente diciendo que era por la Revolución Mexicana, pero quienes así respondían ya eran personas mayores, por lo que tal vez serían los abuelos de los que desfilaban; sin embargo, la mayoría no supo responder bien.
Esto deja muy claro que no nada más en las escuelas se debe de enseñar historia tanto nacional como universal, sino que también cuenta mucho que sean los mismos padres de familia quienes les inculquen a sus hijos los pasajes históricos al menos de nuestro país. El problema estriba en que, si esos padres de familia en su infancia tampoco recibieron este tipo de alicientes, pues sigue la cadena.
Sea pues. Vale.