Opinión

CON PRECAUCIÓN: DE LA VENTA A LA DONACIÓN ALTRUISTA DE SANGRE

Sergio Mejía Cano

Miércoles 25 de Febrero de 2026

El día de ayer en la página 6 de la sección local del periódico Nayarit Opina, aparece una nota informativa sobre los requisitos para donar sangre, entre los que destacan principalmente tener buena salud en general, así como no padecer enfermedades virales, no tener cirugías en los últimos seis meses, no haberse tatuado en el último año, no embarazos en los últimos seis meses, no tener alergias graves, acudir en ayuno con un mínimo de cuatro horas y no haber ingerido bebidas alcohólicas en las últimas 48 horas.

Esto de no haber ingerido bebidas alcohólicas me hizo recordar que hasta antes de 1987 mucha gente vendía su sangre y tal vez sin tantos requisitos como ahora se exigen, ya que en este año fue cuando se oficializó la prohibición de la comercialización de la sangre y sus componentes estableciéndose así la donación de sangre en forma altruista y por y para reposición en compensación para transfusiones de familiares y conocidos, pero en estos casos siempre y cuando el tipo del líquido hemático sea el requerido o, en su caso, reponer la que se tendrá que utilizar en alguna transfusión sanguínea o cirugía.

Así que a propósito de bebidas alcohólicas, recuerdo muy bien que allá por la década de los años 60 y años posteriores hubo mucha gente que acudía a vender su sangre a los lugares prestablecidos, lugares en donde acudían por lo regular personas de escasos recursos económicos que no tenían nada que empeñar en el Montepío o dejar en prenda con algún usurero; sin embargo, quienes más acudían cotidianamente a vender su sangre eran los miembros de los llamados escuadrones de la muerte, también conocidos como de la banda del botecito, precisamente para obtener dinero para comprar alcohol de 96 grados que era la bebida más común que acostumbraban -acostumbran- quienes se encuentran en esa situación de alcoholismo grave; claro que rebajado este alcohol con otros líquidos como refrescos, naranjadas y otras bebidas sin alcohol.

En la mayoría de las ciudades y casi en todos sus barrios populares han existido y existen estas bandas del botecito o escuadrones de la muerte, por lo que mucha gente se daba cuenta de cómo le hacían, en muchas ocasiones, para obtener dinero para su vicio o enfermedad, según como se vea el caso; y no nada más la gente adulta, sino uno como niño también se daba cuenta ya fuera por las pláticas de los adultos de la familia o en las tiendas de abarrotes, así como en las tortillerías en donde se llegaban a oír todo tipo de comentarios mientras se hacía fila durante un buen rato para poder comprar este típico alimento mexicano: la tortilla de maíz.

Hubo ocasiones en que, mientras la gente hacía fila para adquirir las tortillas o esperando comprar en las tiendas de abarrotes, en que llegaba uno o más de los borrachitos del barrio a pedir dinero para comprar su alcohol (en los años 60 el alcohol se venía a granel tanto en tiendas como en farmacias), y era ahí cuando una persona mayor le preguntaba a uno o varios de esos borrachitos consuetudinarios si ese día no había ido a vender sangre a lo que el alcohólico respondía que no, porque ya había ido el día anterior y lo habían reconocido y no lo habían querido atender, que por eso andaba pidiendo para el traguito.

Esto de que la gente pudiera vender su sangre en aquellos ayeres hoy parecería algo incongruente o cosa del otro mundo; sin embargo, era una práctica común, y no nada más entre los integrantes del escuadrón de la muerte, sino que, como se dice en líneas arriba, también era muy común entre familias de escasos recursos. Y si bien era una práctica muy común y conocida, el problema tal vez estaría en que se aceptaba todo tipo de sangre, como la de los integrantes de la banda del botecito que, por lo regular, no estaban bien alimentados, pues comían lo que podían y cuando podían, por lo que posiblemente su sangre contenía más anemia que hemoglobina. Y por lo que se oía antaño entre la gente adulta, a quienes iban a vender su sangre no se les hacían exámenes de laboratorio de ningún tipo, lo que hacía más fácil para los borrachitos consuetudinarios acudir a esos bancos de sangre sin ningún problema.

Decir la banda del botecito se refiere a que, por lo regular, sus integrantes recolectaban latas o botes vacíos para verter ahí sus bebidas y, en lo del escuadrón de la muerte se refiere, es que muchos de sus integrantes fallecían muy pronto después de haberse integrado a esas bandas, ya fuera por cirrosis hepática o por falta de alimentación.

Sea pues. Vale.