Una vez más se ha puesto en evidencia la veracidad con la que se conducen los gobiernos de los Estados Unidos de Norteamérica. Ahora que se dijo inicialmente que unos drones de los cárteles estaban invadiendo el espacio aéreo de El Paso, Texas, y que hasta se informó por parte de la fiscal de ese país de que el ejército estadounidense ya había derribado varios de estos drones, posteriormente varios medios e incluso el mismo Pentágono desmintió toda esta información atribuyendo todo esto a un globo y experimentación con rayos láser.
El problema fue que varios medios informativos mexicanos, así como informadores y comunicadores, tanto en noticias televisivas como en sus portales de internet se fueron inmediatamente con la finta para llevar agua a su molino y así seguir denostando a la actual administración encabezada por nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, una administración que, como a la anterior, los detractores y adversarios ya no saben por qué lado atacar, pues todo se les derrumba como castillo de naipes precisamente por carecer de veracidad y contundencia, porque todo lo que afirman está armado más en el aire y sin bases de ninguna clase.
Toda persona con dos dedos de frente no puede seguir creyendo a toda la información que provenga de los gobiernos del vecino país del norte, pues esta evidencia sobre su honestidad vuelva a la palestra al igual como se derrumbó la gran mentira que emitieron al decir que invadirían Irak porque había armas de destrucción masiva, algo que jamás pudo probarse dándose a conocer posteriormente que, al igual que las demás intromisiones a otros países, sobre todo del Medio Oriente era el petróleo y demás materias primas existentes en el subsuelo de esos países invadidos.
Y he ahí el caso de la hermana República de Venezuela al acusar a su presidente Nicolás Maduro Moros de pertenecer al cártel de los soles, un cártel que después se reconoció que no existía; aunque tal vez el gobierno gringo tomó esta falsa acusación aplicando aquello tan conocido y atribuido a Francis Bacon: difama, difama que algo quedará, por lo que en este entendido, el gobierno estadounidense lanza una mentira porque saben que una gran cantidad de ingenuos se lo creerán y otros, aunque no lo tomen en serio aprovecharan esa falacia para su propio beneficio y más con los que no están contentos con la persona o gobierno que se está difamando.
Ante esta evidencia, cada día se aclara más que el derrumbe de las torres gemelas en Nueva York fue un atentado en el que ningún extranjero tuvo nada que ver, sino que todo fue maquinado dentro del mismo gobierno estadounidense para tener motivos y razones para hacer de las suyas a conveniencia de sus crueles e inhumanos intereses económicos; intereses en donde no caben los derechos humanos ni autodeterminación de los pueblos y mucho menos su vida, he ahí el claro ejemplo del genocidio con el pueblo palestino, la devastación que generaron en Vietnam, la división de Corea y, por supuesto, las bombas atómicas lanzadas contra población civil en Hiroshima y Nagasaki, en Japón, cuando este país nipón ya estaba por rendirse y salirse de la contienda a la que los Estados Unidos obligaron a entrar.
A través de la historia de la existencia de los Estados Unidos se ha comprobado fehacientemente que no nada más no les interesa la vida de los habitantes de otros países, sino también no les importa la de sus mismos ciudadanos, ya que, con tal de sacar provecho en algo, vale la pena sacrificar a varios de sus conciudadanos aplicando aquello de que el fin justifica los medios y, desde luego, tomando en cuenta de que, si algo sobra en el mundo, es gente.
Un claro ejemplo de cómo a los gobiernos estadounidenses les vale gorro la vida de sus propios conciudadanos, hoy en día está el ejemplo de lo que dio paso al conflicto bélico entre los Estados Unidos y España, con lo sucedido al acorazado norteamericano, USS Maine, al estallar en el puerto de La Habana, Cuba, el 15 de febrero de 1898, estallido a lo que de inmediato se culpó a España; hasta la misma prensa gringa se fue con la finta. Sin embargo, posteriormente mediante investigaciones a fondo se determinó que el estallido había sido interno y, aunque se atribuyó a un sabotaje, surgió la duda al respecto, pues ni modo que los españoles hayan entrado al interior del barco como Juan por su casa.
Afortunadamente ahora ya menos se puede tapar el Sol con un dedo gracias a la información más abierta en las redes sociales.
Sea pues. Vale.